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En vísperas del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, no podemos si no compartir con vosotr@s algunas fotos, datos y senderos recorridos, no hace demasiado, para conseguir la aceptación y normalización de la presencia femenina en la Universidad. Pues por lejano que nos resulte, su presencia en las aulas no es tan longeva en el tiempo.

 

En los años 30, cuando la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid abría sus puertas durante la Segunda República, cuando una parte importante del alumnado eran mujeres un estudiante, varón y alemán, se mostraba sorprendido y molesto ante la presencia de la mujer en la facultad. A su parecer había un porcentaje enorme y desequilibrado de “estudiantas”, y los varones resultaban casi arrinconados en esa reunión de “señoritas”.

 

La anécdota ilustra bien cómo había sido el camino previo, el recorrido desde finales del siglo XIX y comienzos del XX, para la normalización de la presencia mujeres en la Universidad española.  Fue en 1873 cuando se produjo la primera matrícula de una mujer en una universidad española, en concreto en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona y ella era María Elena Maseras. A partir de su experiencia y hasta la incorporación a la Facultad madrileña de Filosofía y Letras en los años 30 de Ángela Barnés, María Teresa Bermejo, las hermanas Giménez Ramos, Isabel García Lorca, Carmen García de Diego, Soledad Ortega, María Ugarte, Conchita Zamacona, Carmen de Zulueta y otras muchas, habían pasado sesenta años en los que se había ido trabajando, lenta y discretamente, en la solicitud de una mayor regularidad en la presencia femenina en las clases universitarias.

 

Muchas, en el siglo XIX, aun estando matriculadas como alumnas oficiales, preferían seguir su formación en casa y presentarse directamente a los exámenes ahorrando así su presencia en el aula; no por que existiera una prohibición legal pero sí por fuerza de la costumbre que seguía relegando a las mujeres, al ámbito doméstico, también a la hora del estudio. No todas concluyeron sus carreras, pero sí generaron una interesante polémica acerca de la conveniencia de que las mujeres realizaran estudios superiores, compartiendo recinto con hombres y aspirando a conseguir la misma titulación que ellos. Y es que para realizar las funciones que tradicionalmente se atribuían a las mujeres (cuidado de casa e hijos principalmente) no era necesario -ni óptimo- que cursasen estudios superiores…

 

Ante la creciente demanda de mujeres que solicitaban su ingreso en la Universidad, una Real Orden de junio de 1888 reguló, de modo muy restrictivo, el reconocimiento de su derecho a estudiar… Pero los procesos eran lentos, y las negativas, constantes. No obstante, las primeras emprendedoras universitarias más insistentes y convencidas, consiguieron, poco a poco, aunque sin encajar con el prototipo de mujer para la época, hacerse un hueco en las aulas; y en 1910, acabaron la licenciatura 36 estudiantes.

 

A partir de ese mismo año, una Real Orden que derogaba la anterior, decía así: «Merece la mujer todo apoyo en su desenvolvimiento intelectual, y todo esfuerzo alentador en su lucha por la vida».

La ausencia de trabas legales supuso un crecimiento paulatino de la presencia femenina en las facultades universitarias, sobre todo en las carreras de corte asistencial (Farmacia, Medicina, Educación, Humanidades…). Al fin, el acceso de la mujer a las aulas universitarias dejó de constituir en los años 30 “motivo de crítica y condena” para señalarse como rasgo de prestigio social, también entre las estudiantes de Filosofía y Letras, ahora mayoritarias, y consideradas, socialmente, como el ejemplo de la mujer moderna por antonomasia.

 

El periódico Ahora, recogía así el fenómeno femenino de la Facultad de Filosofía y Letras hacia 1934:

 

“La Facultad de Filosofía y Letras tiene quinientos alumnos. Más de cuatrocientos son señoritas, y menos de un centenar son varones. La mujer española ha invadido las aulas universitarias este curso, en un oleaje de juventud y belleza. Esta femenil avalancha ha forzado a la Facultad a trasladarse al moderno edificio donde hoy se encuentra. La primera pobladora de la Ciudad Universitaria ha sido la mujer”.

 

La mujer representaba una mayoría extraordinaria en la primera Facultad inaugurada de nuestro Campus. Como vemos en algunas fotografías de la época, en aulas de 24 personas, había un solo varón.  Y aunque las cifras que compartimos son sólo de matriculadas oficiales en aquellos años, cabe decir que el número de mujeres no matriculadas que asistían regularmente a clases era espectacular, y nos daría cifras aún más rompedoras. Os dejamos unas imágenes de las primeras pobladoras de CIU.

 

¡Feliz día Internacional de la Mujer!

 

 

 

 

 

 

Fuente: Carolina Rodríguez-López, “Las Universitarias”, en Santiago López-Ríos y Juan Antonio González Cárceles (eds). La Facultad de Filosofía y Letras de Madrid en la Segunda República: arquitectura y universidad durante los años 30, Madrid, SECC-Ayuntamiento de Madrid-COAM, 2008, pp. 475-491

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